Historia de primera mano del director de un Centro de Atención al Embarazo
(PCC)
Por Elaine Ham
Avanzada la tarde un viernes, una joven madre entró a mi oficina, colocó
suavemente a su pequeño hijo en mis brazos, sonrió y dijo: "sabía que usted
querría verlo". Mi corazón se regocijaba al ver sus hermosos ojos café,
porque... verán, se suponía que este niño debía haber muerto. La decisión había
sido tomada, el veredicto fue expresado, y la fecha de la ejecución había
quedado establecida. Gracias a Dios, antes de llevar a cabo la sentencia, la
madre vino a nuestro centro y permitió a un consejero voluntario compartir con
ella el amor de Jesucristo.
Por consiguiente, ella eligió no abortar la preciosa vida que llevaba dentro, y
el resultado de esta decisión yacía anidado en mis brazos. Durante los meses
posteriores a su visita inicial, la ayudamos a encontrar un lugar para vivir,
le conseguimos ropa de maternidad y para bebé, y le ofrecimos aceptación y amor
incondicional.
Durante los años que serví como director de un centro de atención, vi a cientos
de mujeres jóvenes cada año en circunstancias similares. Muchas eran solteras;
algunas consideraban la posibilidad de abortar; la mayoría de sus embarazos no
habían sido planificados. Llegaban hasta nosotros por diversas razones: pruebas
de embarazo gratuitas y consejería confidencial, pañales e implementos para
bebé, ropa de maternidad, y con frecuencia para hablar sobre el aborto.
Cualesquiera que fueran sus razones para venir, sabíamos que en realidad
estaban ahí porque Dios nos las había confiado. Cada año más de cien de ellas
aceptaron a Cristo como Salvador. Muchas otras volvieron a entregar su vida al
Señor y eligieron la abstinencia como estilo de vida. Todas oyeron que Dios las
amaba y tenía un plan para sus vidas.
Nosotros no éramos únicos. Por todo el país existen más de 3,000 centros de
atención al embarazo (algunos son llamados centros para crisis de embarazo).
Probablemente haya uno en su ciudad. Si no, debería haberlo. Cada año cientos
de miles de mujeres experimentan crisis de embarazo, y se enfrentan a
decisiones de vida o muerte. Si escuchan las voces del mundo, eligen la muerte;
si escuchan la voz de Dios, eligen la vida -en realidad es así de simple. En
los Estados Unidos se realizan más de un millón de abortos legales cada año,
muchos con bebés que se encuentran en el trimestre final de su desarrollo.
Noventa y cuatro por ciento de dichos abortos son por razones de conveniencia
-no por violación, ni incesto, ni por peligrar la vida de la madre, sino por
conveniencia. Casi un millón de niños son asesinados por conveniencia cada
año.
La buena noticia es que la tasa de abortos, así como la de embarazos de
adolescentes, está disminuyendo. Gran parte de esta mejora puede atribuirse a
los centros de atención al embarazo. Cientos de miles de mujeres visitan estos
centros cada año, y las estadísticas muestran que 40% de las mujeres que
planean abortar eligen la vida como resultado de su visita. Sólo piense:
cientos de bebés se salvan cada año debido a que voluntarios como usted se
interesan por compartir el amor de Cristo con alguien necesitado.
¿Tendrá usted el interés y el amor necesarios para llamar al Centro de Atención
al Embarazo de su ciudad y preguntar cómo puede ayudar? En Juan 21:17, Jesús
ordenó a Pedro mostrar su amor "alimentando a mis ovejas". El mundo está lleno
de ovejas hambrientas, y nosotros debemos ocuparnos de alimentarlas.
Actualmente, Elaine Ham sirve como Asociada de los Ministerios para el Cuidado
de la Salud en la Junta de Misiones Norteamericanas. Anteriormente, sirvió ocho
años como directora de desarrollo de un centro para embarazadas en Carolina del
Sur. Tiene un ministerio llamado "Plans for You" ('Planes para ti'),
consistente en una agencia consultora e impulsora del desarrollo de las
organizaciones en favor de la vida, por medio del cual se creó "The Baby Bottle
Boomerang" ('El boomerang del biberón'). Puede encontrar a Elaine en el
teléfono 1 800 962-0851.