Familias en Misión trae a 98 voluntarios a Nueva Orleáns
31 de julio, 2007
Por Marilyn Stewart
Prensa Bautista
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Linda Donalson y Randy Hixson (izq.), ambos de la Iglesia Bautista Idlewild de Lutz, Florida, compartieron fotos digitales y el Evangelio con "Rooster" [Gallo], sobreviviente de la inundación causada por Katrina.
Foto de Gibbs Frazeur.

Willie Bridges (centro), propietario de una casa en Nueva Orleáns recibe un póster con la impresión de las manos de los niños que trabajaron en su casa - junto con una placa con una cita bíblica.
Foto de Gibbs Frazeur.
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NUEVA ORLEÁNS (PB) – Para las 32 familias que en junio batallan con el calor sofocante y la humedad de Nueva Orleáns, el primer proyecto de Familias en Misión (FEM) realizado en la “Ciudad Creciente” fue más que un viaje misionero; fue la oportunidad de dejar un legado de servicio misionero, evangelización y fe a las nuevas generaciones.
“Quería servir junto con mis nietos”, dijo Ella Mae Myers, cuyos tres nietos viajaron desde otro estado para reunirse con ella y acompañarla en este viaje. “Al servir junto con ellos, espero que siempre recuerden que es nuestro deber ayudar a otros en nombre del Señor”.
El proyecto Nueva Orleáns fue el primero de cuatro de este año diseñados específicamente para incluir a la familia entera. Estos proyectos se lanzaron tras el éxito del programa piloto del año pasado, y se tiene contemplado realizarlo también en Lynch, Kentucky, San Luis Este, Illinois, y Mobile, Alabama.
“Queremos que los padres tengan la oportunidad de compartir la experiencia de las misiones con sus hijos”, dijo Rick Head, socio principal para la movilización de voluntarios adultos de la Junta de Misiones Norteamericanas (NAMB) en Alpharetta, Georgia. “El legado que nosotros como padres, y como Bautistas del Sur, queremos dejar a nuestros hijos es que estamos llamados a las misiones y al servicio”.
Familias en Misión se conectó con las familias en necesidad al asociarse con Operación NOAH para la Reconstrucción (Esperanza del Área de Nueva Orleáns) – la iniciativa de la NAMB y de los bautistas de Louisiana para ganar Nueva Orleáns para Cristo mientras reconstruyen los hogares inundados.<0 } Los miembros del equipo, que van desde niños de seis años hasta adultos mayores, sirvieron juntos, y así los adultos actuaron ante sus hijos y nietos como modelos de servicio y de lo que significa testificar.
“Esta ha sido una experiencia estupenda para mí como abuela”, dijo Myers. “Y a los niños les ha encantado”.
La semana en Nueva Orleáns fue solamente uno de los cinco proyectos de Familias en Misión que tendrán lugar en los Estados Unidos este año. Los otros proyectos tendrán lugar en Lynch, Kentucky, San Luis Este, Illinois (dos proyectos) y Mobile, Alabama. La NAMB está asociada con las convenciones bautistas estatales y asociaciones locales para identificar las áreas donde se necesitan ministerios y hacer los arreglos necesarios para que cuando las familias se presenten tengan todo lo que necesitan para su semana misionera.
Trece de los noventa y ocho participantes de Familias en Misión trabajaron en la casa de Willie Bridges, residente de Nueva Orleáns desde hace mucho tiempo, y uno de los primeros en regresar a casa después del huracán Katrina. El equipo de Bautistas del Sur pintó la fachada de la casa de Bridges y plantó flores en el frente. Cuando los vecinos y transeúntes se detuvieron a hacer comentarios sobre lo que veían, los miembros del equipo aprovecharon la oportunidad para entregarles folletos y explicarles que su fe en Cristo fue lo que los motivó a venir.
“Esperamos que los vecinos vean el amor de Dios a través de nosotros y entiendan que los cristianos queremos vivir nuestra fe” dijo Margaret Outlaw, quien vino con su esposo Joe y cuatro hijos de entre 7 y 13 años, provenientes de Cumming, Georgia. “Y eso es lo que quiero que mis hijos vean, también”.
Caleb Outlaw, de siete años, ayudó a pintar y a escarbar la tierra para preparar los arriates para las flores. Cuando se le preguntó por qué había venido a Nueva Orleáns, Caleb dijo: “porque Jesús quiere que hable de Él a otras personas”.
Para los dos hijos de James y Cheri Tew, las casas vacías y dañadas de las zonas céntricas pobres de Nueva Orleáns, fueron algo muy diferente al rancho ganadero de 2,300 acres donde viven en Florida. Las diferencias fueron bastante intimidantes, dijo Tew.
“Compartimos el Evangelio con un señor mayor en el vecindario, mientras íbamos en una caminata de oración”, comentó Tew. “Mi hijo dijo: ‘¡eso estuvo genial!’ y después mis hijos dejaron de sentirse nerviosos. No habríamos experimentado eso de no haber venido aquí”.
Al ver a sus padres y abuelos compartir el Evangelio, los niños aprendieron otras lecciones también. Bridges contó a los miembros del grupo su experiencia con el huracán y las luchas por reconstruir su hogar.
“Algunas veces los amigos no están con nosotros en los momentos difíciles”, dijo Bridges. “Eso es lo bello de Dios, no ha habido una sola vez en que me haya puesto a orar de rodillas y que Él no me haya contestado”.
“Espero que mis hijos sepan que los problemas son una realidad de la vida”, dijo Tew. “Pero quiero que recuerden que en esos momentos Dios sabe dónde andan sus hijos y que Él llenará sus necesidades”.
A cuadras de distancia, otro equipo de FEM trabajaba en un hogar de Nueva Orleáns cuyo dueño vivía fuera de la ciudad durante la reconstrucción. Rod Epperson, un vendedor que vino con su esposa y una “hija adoptada” a pasar la semana, dijo que el equipo oró para que Dios les diera la oportunidad de compartir el Evangelio con alguien, aunque el vecindario estuviera prácticamente vacío.
“No habían transcurrido más de 10 minutos cuando entró el dueño de la casa”, dijo Epperson. Después de dejar que el caballero contara su historia, el tema cambió a la razón por la que el equipo había venido a ayudar. Epperson compartió el Evangelio con el hombre y lo guió hacia la fe en Cristo.
“Esperamos que al servir de modelos del estilo de vida cristiano ante los niños no sólo los guíe hacia el Señor, sino que Dios use lo que estamos haciendo para llamarlos al campo misionero”, comentó Epperson.
El ritmo de Dios en los eventos de la semana no pasó desapercibido.
Elizabeth Hixson, de catorce años, dijo que el dueño de la casa estaba agradecido de que Epperson le compartió el Evangelio. Elizabeth supo también que su madre, Sharon Hixson, había tenido una conversación acerca de Dios con un hombre de la ferretería local mientras el equipo compraba materiales.
“Le dije que no era coincidencia que nos hubiéramos visto ese día”, comentó Sharon Hixson, quien descubrió que la vida de ese hombre era muy similar a la suya antes de creer en Cristo. “Es una muestra de la creatividad de Dios haber juntado a dos personas de esta forma y en este momento para llenar una necesidad”.
Amy Byrd, especialista en comunicaciones del personal de verano para el proyecto de Familias en Misión en Nueva Orleáns, y alumno del último año de universidad, dijo que los proyectos están ayudando a las familias a concentrarse en Hechos 1:8 y a entender las misiones “no como un viaje de una semana, sino como un estilo de vida”.
“Quiero que mis hijos sepan que toda la gente, sin importar quien sea, tiene la misma necesidad básica: Jesús”, dijo Tew. “Espero que mis hijos saquen de esto el deseo de compartir a Cristo en nuestra comunidad”.
“Espero que puedan saber cuán grande es Dios”, dijo Margaret Hunter Outlaw, de 13 años. “Y que no somos nosotros quienes estamos marcando la diferencia aquí, sino Dios”.
Si desea más informes acerca de Familias en Misión, visite www.nambenespanol.net/fem.
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